Como todos los años, el invierno hace su aparición y el frío se apodera de la naturaleza, la hace suya, deja su rastro a cada paso que da. Los márgenes de los ríos se cubren con una manta translúcida que los paraliza y el río, poco a poco va dejando de palpitar para convertirse en un manantial helado.
El viento, el frio y la noche hielan las orillas de los pequeños cauces de agua de la montaña y esculpen las curiosas formas que aquí presento. Todas las fotografías están tomadas el día 30 de diciembre en la sierra madrileña, en los pequeños arroyos que cruzan el GR-10 que enlaza el puerto de la Morcuera con el puerto de Canencia.
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